lunes, 11 de mayo de 2015

Aceptar.

Hace un par de días ya, no lo recuerdo bien, mi mejor amiga vino muy contenta y risueña a contarme cómo un chico se había interesado en ella. Cuando terminó, sonreí y la felicité, pero muy en el fondo de mis pensamientos no me había gustado.

La conocía. Ella estaba cambiando por él. Y eso no me gustaba. Lo cual me llevó a pensar que, quizá, si algún día eso me ocurriera, yo también actuaría de la misma manera. O quizá no. Puede que por, simplemente, tener su atención, dejara de hacer las cosas que más me gustaban en el mundo. Incluso, estaría todo el tiempo preocupada de mi imagen, y de mi cuerpo. Puede que en vez de sentirme querida, me sintiera más avergonzada que otra cosa. Es posible que, de esa relación, en vez de sonrisas saldrían tensión e inseguridades.

Pero supongo que todos tendríamos que acostumbrarnos, ¿no? Hoy en día no se lleva eso de aceptarnos. Quiero decir, tal y como somos. Ya no se lleva eso de mirar a los ojos, en vez de al culo o al paquete. No se lleva eso de salir a dar un paseo, en vez de ir a fiestas.

Y en ese punto de mi vida, llegué a la conclusión de que yo quería que se llevara. Quería que se pusiera de moda aceptarnos. Quería que mi futuro novio, me quisiese por lo que era, y no por lo que le gustaría que fuera. Quería que mi estatura, o mis kilos de más no fueran un impedimento a la hora de ser feliz al lado de alguien. Quería que ser tímida, no fuera un motivo de burla o cachondeo. Quería amabilidad, no quería este sistema de mierda.

Si nos paramos tan sólo un instante a pensar, en la cantidad de veces que alguien nos ha repasado con la mirada de arriba a abajo, ¿no perderías la cuenta? Yo ya lo he hecho. Pero mi pregunta es; ¿por qué? Quiero decir, ¿qué tengo yo que no tengas tú, o que tienes tú que no tenga yo? Ambos respiramos por el mismo sitio, ambos pestañeamos, ambos hablamos, ambos vivimos. ¿Qué es lo que te he hecho para que me mires con esa mueca de asco que te inunda la cara?

La sociedad ha creado una pared falsa de estereotipos. Sólo nos queda derrumbarla. Y te preguntarás; ¿cómo hacemos eso?

Aceptando. Acepta que aquella chica de allí está más gordita que las demás, acepta que ese chico de tu lado es más nervioso que otros, acepta que ese hombre de aquella esquina esté más calvo que aquel otro. Acepta que la gente sea distinta. Pero oye, no corras. Antes de aceptarlos a ellos, acéptate a ti. Quiérete, ámate, sonríete, y sobre todo, valórate. Porque si tu eres el primero que no se acepta, ¿cómo van a aceptarte los demás? ¿Y cómo vas a aceptarlos tú a todos ellos?

Aceptar no es fácil. Pero eso dijeron de la vida. No es fácil, pero valió la pena. ¿Por qué no pruebas? ¿Aceptas?